De la extorsión en las calles al cibercrimen. Ahora no solo imponen intereses usureros e impagables, sino que secuestran datos personales, suplantan identidades y monitorean en tiempo real la vida de sus víctimas.
A pesar de ser uno de los delitos contra la intimidad más comunes en la actualidad, las autoridades enfrentan graves dificultades para investigarlo y sancionar a los responsables